EL BOSQUE SAGRADO DE BOMARZO en el siglo XX

EL BOSQUE SAGRADO DE BOMARZO EN EL SIGLO XX

El Bosque Sagrado de Bomarzo fue llamado por su ideador, Vicino Orsini sencillamente el “mi Bosquecillo”, hoy en día està conocido còmo el Parque de los Monstruos, un jardín excepcional creado en los mediados del siglo XVI.

Parque de los Monstruos.

Parque de los Monstruos.
14. La Casa enclinada.

 

El siglo XX para el Bosquecillo será el del re-descubrimiento y del interés que iba cresciendo a lo largo de los decennios para el “Parque de los Monstruos”, por parte de los estudiosos, los históricos del arte, los curiosos, quienes muchas veces se quedaron enamorados de ese lugar permeado de arte y de misterios.

El Bosquecillo, llamado ya de diferentes maneras, el Bosque Sagrado, el Parque de los Monstruos u la Villa de los Montruos, se convierte en ispirador de numerosas obras de la expresión artística en varios campos de la cultura. Aún antes de que los dueños nuevos hicieran praticable el sitio y abriesen al público en 1954, Salvador Dalí fue allá por vez primera probablemente en 1938, mientras su segundo encuentro con “las caras estupendas” fue rodado en un breve documental por el “Istituto Luce”, que pueden ver en You Tube.

Michelangelo Antonioni rodó un documental intitulado “La Villa de los Monstruos” en el Bosque Sagrado en 1950, cuando, – como se entiende del comentario de la pelicula -, estaba aún acceptada la idea según la cual Vicino Orsini fuese ispirado en crear su jardín únicamente por el dolor por la pérdida de su mujer premaduramente muerta. De nuestros días sabemos de los archivos, de que las cosas no han ocurrido precisamente de este modo, cosa que no quita nada de la personalidad exceptional de Vicino Orsini né de los significados simbólicos del Templete erigido en la memoria de la difunta.

En 1953 la Facultad de Arquitectura de Roma empezó una larga serie de estudios sobre el Bosque Sagrado, la que será seguida por muchas otras publicaciones de autores de varias nacionalidades. Es gracias a ellos, si hoy es posible comprender y admirar el Bosquecillo de Vicino Orsini en su complejidad.

No se puede luego olvidar de mencionar el romance de Mujica Lainez, intitulado “Bomarzo”, publicado en 1962! Sobre el mismo texto Alberto Ginastera compuse una ópera que estrenó con grande éxito en 1967 en Washington. Massimo Scaringella, el director de una puesta en escena más reciente de la misma ópera, rodó un largometraje intitulado “Bomarzo 2007”, en el verano de ese mismo año, con la participación del grupo de los “Comediari” de Bomarzo y de los habitantes del pueblo y incluso de actores argentinos, utilizando de base musical el grabado de la puesta en escena de Washington.

Con respecto a las publicaciones sobre el Bosque Sagrado, condividiendo la propuesta de la autora* de una tan esplendida como iluminadora presentación, les invito a leer un pasaje del “Viaje en Italia” escrito por Guido Piovene, que reproduce verdaderamente la maravilla y la estupefacción que se experimenta en la realidad en este lugar:

“Bomarzo tiene el color de la piedra lávica local, el pueblo, construido en la cumbre de una colina del mismo tipo a que hemos ya acostumbrado en Toscana, en Umbria y en el Lacio, está dominado por un Palacio Orsini; y sobresale a un valle agreste desembocando en el del Tíber. En el fondo de este valle un duque Orsini imaginó, en apéndice a su palacio, el jardín de los monstruos. El jardín desapareció, el valle se volvió salvaje; ahí quedan los monstruos abandonados y vienen a encontrar de improviso a quienes pasean por los campos. Se baja por un sendero escarpado; por debajo, en medio de castaños, una basilica, con pronao, cupula, y columnas, surge delante de nuestros ojos; acercandose se vee todavía que es un falso templo, un templo de teatro, aunque, come se dice, lo hubiese deseñado Vignola. Se prosigue y se adentra en una explanada erbosa. Un can levanta tres cabezas, una pantera se acuclilla, un dragón luchando con un león y una leona agita sus escamas, una mujer gigantesca mira delante de sí, un elefante con una torre y un soldado en su dorso, apreta en su probóscide otro soldado muerto, un Hercules arrasga en dos a su enemigo agarrandolo por las piernas. A un margen de un prado una cabeza de monstruo nos hace entrar a través de su boca, en una caverna; a otro margen hay una casita enclinada. Si se penetra en la selva, entre castaños, avellanos, rocas y pequeños precipicios, una enorme tortuga teniendo en su caparazón una columna, una ballena, un basilisco, una deidad barbuda, nos llevan delante de una Ariadna yacida. Animales, dioses paganos, gigantes, algunos de los cuales llegan a quatro metros de altura, fueron esculpidos en los bloques de roca en el fondo del valle; de modo que se pensó en una lluvia de meteoritos negruzcos o en un cumulo de rocas errando que rotolearon de la colina por abajo. Careciendose de documentos exactos que expliquen este jardín más asiático que europeo, se hablaran de misioneros de vuelta de la India y de obra de soldados turcos, prisionero se guerra. Quizás, es suficiente explicarlo con el gusto del Cinquecento en decadencia, amante de gigantes, de monsturos, de invenciones escénicas que anteceden al Barroco, con la voluntad de intentar a ser todo, de fingirse en mil formas, en plantas, animales, en occidente y oriente, y de sorprenderse con máscaras y disfazamientos. Sé que hoy se proyecta de restaurar el jardín de los monstruos: espero que no le quitan lo mejor, su aspecto espontáneo, de obra divertida.

 

* Maria Cristina Paolucci, en “Bomarzo – Guía Turistica”, pubblicada por la Regione Lazio, la Provincia di Viterbo y el Ayuntamiento de Bomarzo, 2011-2015.

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